La Sociedad de la Información se muerde la cola

6405801675_efd6d09977_bProposiciones del estilo “Vivimos en la Sociedad (o la Era) de la Información” son harto comunes en nuestros días. Todo el mundo vive atravesado por los medios y vectores de la Información: radios, televisores, impresos, sitios web, redes sociales… Sin embargo, contra lo que se pudiera pensar esto no generó una explosión exponencial de personas bien informadas y concientes… muy por el contrario: ha generado una epidemia de azoramiento, de inconciencia, de confusión pasmosa, incoherencia y falta de juicio crítico, dando por resultado usuarios sin capacidad de advertir si una noticia es verdadera o no, lo cual –dicho en otras palabras– implica reconocer que existen muchas personas que no son capaces de diferenciar lo real de lo ficticio… un rasgo típico de la locura.

¿Qué pasaría si de pronto un Neo Orson Welles decidiera inventar una invasión extraterrestre a partir del uso de herramientas CGI, y lo compartiera por redes sociales, listas de correo, programas de divulgación y noticieros? ¿Que nos garantiza que no volviera a pasar lo que pasó originalmente en Estados Unidos, cuando se puso al aire la versión radial de “La Guerra de los Mundos”?¿Cómo podemos estar seguros de que no haya sucedido ya si hoy en día el periodismo es una máquina que produce lo creíble?

Existen casos de imágenes retocadas digitalmente, de un modo torpe, que son compartidas en redes por personas que les dan crédito, porque no solo les creen, también quieren creerles. ¿Cómo podemos considerar sana la actual situación que describo? Tenemos por un lado gente que desea creer mentiras y por otro lado gente dispuesta a mentir lo más verazmente posible. Más que una sociedad de la información estamos presenciando una era de lavado de cerebros pasmosa, donde se usan estrategias de información sucia para validar y naturalizar prácticas y realidades completamente demenciales. Y no estoy hablando solo de política.

Parece entonces que la utopía de la Sociedad de la Información vendida como una panacea durante tanto tiempo, si bien tuvo beneficios, exhibe imprevistos efectos secundarios graves… ¿O será que estos efectos no fueron ni tan imprevistos ni tan secundarios sino, más bien, el objetivo buscado?

 

Casablanquismo /Claudio Caveri

A partir de un comentario de mi cuñada acerca de unas casas “raras” en Moreno (Pcia de Buenos Aires) descubrí a un arquitecto desconocido, que buscó sentar las bases de un estilo arquitectónico propiamente argentino. Se llamó Claudio Caveri y quiero compartirlo con ustedes también, pues es un hombre que hizo de la arquitectura un instrumento para mejorar la vida de las personas. Sus construcciones son hermosas.

Les dejo el siguiente programa de Arquitectos Argentinos del canal Encuentro, que habla sobre Caveri. El video dura menos de media hora, vale la pena verlo.

Poesía encontrada

[…]Mi corazón es un balde vaciado.
Como los que invocan los espíritus me invoco
A mi mismo y no encuentro nada.
Llego a la ventana, veo los paseos, veo los carros que pasan,
Veo los entes vivos vestidos que se cruzan,
Veo los perros que también existen,
Y todo esto me pesa como una condena a la deportación,
Y todo esto me es extraño, como todo.[…]

 

Fragmento de “Tabaquería” de Fernando Pessoa (bajo su heterónimo de Ávaro de Campos), traducido por Rodolfo Alonso. En “Antología Poética”, Editorial Argonauta, 1ed, 2da reimpresión. Terminado de Imprimir en octubre de 2015 en Gerli, Provincia de Buenos Aires. ISBN: 978.950.9282-42-1

Outsider

one-against-all-1744091_640Siempre ha habido conflictos, soy conciente de ello: los conflictos en gran medida han sido la causa de la andadura de la Historia. El Ser Humano pareciera recortar el mundo a través de lógicas de tuyo y mío, de ustedes y nosotros, de aquí y allá… en fin: lógicas de separación, de ausencia o presencia, de distinciones, de bandos.

Confieso que suelo sentirme afuera de todo eso. Nunca logré enlistarme en ningún grupo con entera certidumbre. En esta época, que es una época de etiquetas, del yo necesitado de gadgets externos para ejercer su ser,  ando siempre mirando todo como desde un tercer lugar. No puedo ver al otro como un enemigo, siempre tiendo a ver al que tengo enfrente como otra persona, presa de sus propios miedos, prejuicios y egoísmos, igual que yo: aún cuando pensemos distinto, incluso cuando sepa que el otro busca algo que pueda perjudicarme.

Sí me preocupa el conflicto, que haya partes que mueran sin llegar a un acuerdo, que los poderosos sigan tan aferrados a su ego, que los insurgentes crean que para cambiar la realidad deben hacerse con “el poder”. Llegan tiempos de desolación. Este siglo será, acaso, el punto de quiebre donde evolucionamos o desaparecemos. ¿Lograremos las personas llegar a descubrir que no somos nuestras ideas, que la mejor interacción con los otros no es el sometimiento, sino la solidaridad, la empatía, la construcción colectiva?

¿Habrá otros que les pase lo mismo? ¿Seré un desapasionado? ¿acaso un iluso? Recuerdo haber participado de marchas y siempre la sensación que tuve fue de extrañamiento… me sentía mal porque veía que no me embargaba la misma emoción que los que me rodeaban. Incluso han llegado a acusarme de no “luchar”, de no “poner el cuerpo”…  A veces me siento culpable de este posicionamiento mío, otras pienso si no tendré que empezar a prestarme más atención y empezar a filosofar sobre esta postura.

La sonrisa de Laura

wp-1492047349131.jpgMiren esa sonrisa. Ella sola ilumina mis sombras… es una sonrisa libre, llena de cielo estrellado. No le importan mis cadenas ni les teme, pues está conmigo porque quiere: yo no puedo retenerla, tampoco lo quiero, y menos lo intento.

Esas estrellas que brillan en sus pupilas, entre el ámbar y la noche, no sonríen para mí, sonríen porque es el movimiento natural de una ola que nace muy profundo de ella.

Por más que me haya esforzado, como un tonto -¡tantas veces!-, por ensombrecer sus ojos no pude, su sabiduría salió siempre victoriosa. A cambio si puede ella iluminar los míos, iluminar mi vida con el más mínimo gesto de ternura y yo no puedo, ni quiero, ni intento oponer resistencia.

Sus ojos son ojos libres, su risa es libre y su corazón noble. No conviven en ella la sombra y la luz, como si conviven en mí, esa dualidad y sed de bien y de mal que me hacen escritor, tampoco tiene el rencor de los que vivimos temiendo, de los frustrados.

Por eso y otras cosas la Amo, porque yo, que pretendí enseñarle tanto, resulto siendo su aprendiz muchas más veces. Su dicha me hace feliz y su andar me explica qué es eso de ser libre, por mucho que me cueste entenderlo.