Aprendizajes del 2017

El texto trata sobre cómo se debe construir a partir de lo real y no de las ilusiones de la mente, qué debemos evitar sufrir y juzgar a los otros

Anuncios

Luchar por transformar tus ideas en cosas reales no consiste en empecinarse allí donde todo es estéril, sino en buscar la tierra fértil donde puedan crecer: si crecen tus ideas, crecés vos. Pelear y pelear allí donde nada puede nacer no es de héroes, sino de necios, te vas a quedar toda la vida preso de un sufrimiento constante. Y sufrir no es algo bueno: puede que a veces sea inevitable, puede que te enseñe, pero no es algo ni deseable ni constructivo. Al que se empecina en cosechar peras del olmo no lo asiste la virtud, sino un egoísmo malsano.

Hay personas que se pasan la vida golpeando una puerta clausurada, sin ver que al lado tienen una ventana abierta, o que en las cercanías hay otras puertas que no son las que soñaron, pero a lo mejor son mejores. Gastan sus horas en ese imposible y un día se descubren viejos y cansados, preguntándose qué pasó, cómo fue que se encanecieron y se arrugaron, de dónde les viene ese amargor en la boca, como sucedió la soledad que los embarga.

La maquinaria de guerra de Disney atrona su”lucha por tus sueños”: yo lo prefiero a Calderón haciéndole decir a Segismundo: “y los sueños, sueños son”. Uno debe crear a partir de lo que lo rodea, no con intangibles. Dicen que Miguel Ángel Buonarroti dijo: “¿Come posso fare una scultura? Semplicemente rimuovendo tutto il blocco di marmo non è necessario.” Se debe vivir en el mundo y no en la mente.

…where ignorance is bliss,/’Tis folly to be wise.” dice Thomas Gray. No se puede cambiar a las personas: las personas son como son, ni buenas ni malas. Puede que sean mediocres ¿pero quién no lo es? Nuestra propia conformación fisiológica es insuficiente para entender lo que nos rodea. Lo importante es no plegarse en las mediocridades ajenas, sino enfocarse en superar las propias. Todos vivimos presos de unos u otros fantasmas. Hay que saber tomar distancias y no perder nuestro tiempo en condenar al otro si nos daña. Hay que hacer el bien siempre que se pueda aun cuando la respuesta posterior no sea agradable. En todo caso, si luego nos responden con ajenjo, sabremos que a esas personas podremos beneficiarlas con nuestra ausencia.

 

 

 

Largos silencios

El escritor vuelve sobre el teclado luego de un prolongado blanco de hoja. “Qué decir”, se pregunta “¿tengo algo para decir?” insiste. Se dice que sí, que tiene mucho por decir, que siempre hay algo que contar, porque así ha sido su naturaleza desde siempre, porque el mundo escrito ha sido su tierra de ausencia de miedos desde que era un niño, desde incluso mucho antes de ser escriba.

“Aquí hay algo importante” piensa el escritor: entender esto como un lugar de Libertad, un ámbito de Verdad. Tantas horas al día dedicadas a desdecir esto escribiendo correos y memos, manuales e informes, sutiles mascaradas, y sin embargo siempre se puede volver a las palabras verdaderas.

Hay un área que va más allá del pensamiento de todos los días. El Tío Rubén le ha dicho al escritor que, del total del pensamiento cotidiano, solo un 5% corresponde a pensamiento creativo (y que sospecha que en algunos casos es menor todavía). El resto, dice su tío, es algo mecánico, una serie de engranajes engarzados en nuestra mente antes de los cinco años de edad y que esa máquina habrá de guiar nuestras respuestas a los estímulos durante el resto de nuestras vidas.

El desafío, entonces, colige el escritor ha de ser ir ganándole terreno a la máquina, escapar de la respuesta automática, ir hacia lo nuevo. Y ahí la literatura, ya se sabe, resulta tremendamente necesaria.

Alivio de luto

De pronto descubro que no se cómo estar alegre, que me incomoda la idea de la alegría y me da vergüenza alegrarme, porque soy muy torpe e inexperto.

Viví años velando la imagen de un padre que, aún muerto, seguía preso en la cosmogonía familiar, invisible fantasma que todo lo teñía de sí… De luto todos los años de mi vida, por un ilustre desconocido.

Por eso no entiendo cómo se puede vivir contento, me molesta la alegría y la felicidad ajena… ¿Cómo puede concebirse tamaña falta de respeto? Todos riendo a mi alrededor, en mi propio responso, no ven acaso que estoy muerto en mi tristeza?

Asi pensé hasta ahora, sin darme cuenta… Digo basta. Adiós luto, adiós. Basta ya de tristeza: Los muertos bien muertos están. Basta ya de esta larga conjugación del verbo morir cada día, este canto a la ajenidad, a la extranjería entre los vitales. Basta, el mundo está lleno de sitios y vivencias, lleno de motivos por los que reír como locos. Adiós muerte adiós, este que escribe hoy regresa a la vida.

El Extranjero

Vivo como dejándome llevar, como navegando siempre en procura de aguas tranquilas. Nada más. ¿Qué deseos me embargan? ¿Qué inquietudes tengo? Nunca estoy del todo seguro; como si yo fuera una suerte de ejercicio de mímesis, un movimiento provocado por el viento y no por la intención, un polichinela vacío de alma, pleno de aserrín, un curso de agua en el cordón de la vereda.

Vaya a saber qué pasa en la cabeza de los otros, pero conozco gente que, da la sensación, tiene muy en claro qué quiere: como si ese deseo ardiera intensamente en ellos, como una fuerza vital. En lo que a mí respecta siempre soy un extranjero en todo sitio, vivo ajeno de todo, como viviendo la vida de otro. La mayoría de las veces me descubro viendo personas que andan por mi vida y me digo ¿quién es?¿cómo llegó a mí?¿qué tiene que ver conmigo? Y lo mismo con los sitios que ando ¿cómo llegué aquí? ¿qué hago acá?

La gente me plantea temas que los apasionan y yo los miro un poco admirándolos y otro poco no entendiendo que es lo que los exalta tanto… Como sospechando que en el fondo fingen, que quizá no sea algo genuino, sino una máscara, otra forma de la estopa que les sirve de relleno al vacío y la angustia de sus vidas. ¿Será que la nada es general, que en el fondo no soy ningún bicho raro? Si fuera así sería preocupante: si un vacío generalizado todo lo llena ¿qué futuro nos espera?

Postales

Voy camino a Mar del Plata para participar en una Jornada de Bibliotecarios. La ruta serpentea entre marcos cada vez más verdes a medida que se aleja de Buenos Aires. Estimo estar cerca de Brandsen.

Siempre que encaro un viaje me asalta la sensación de que estuviera todo en permanente construcción en Argentina. No bien tomar la ruta resulta imposible no ver la cantidad de obras sin terminarse hace años, los barrios cerrados conviviendo con infinidad de caseríos plenos de carencia, los coches abandonados, los basurales y luego el campo, el vasto campo…

Conforme voy alejándome de lo urbano, la presencia humana va convirtiéndose en algo tácito, algo que se adivina apenas en las cercas y los carteles publicitarios, en los postes de largos cables y la ruta. Pero resulta raro ver personas: apenas algún gaucho a caballo, dos o tres obreros, algún coche que pasa… Son como fantasmas que rápidamente se pierden con el viento en la inmensidad de la llanura que, tocando el cielo, se derrama allende el horizonte.

Casualidades

Desayunando en un bar de Belgrano y Echeverría, hablo por WhatsApp con un viejo amigo que está de viaje por Italia. Me cuenta que volverá con unos cuántos kilos de más. Por esos nuevos registros del humor, le mando una gif de Pavarotti que en lugar de cantar “Vincero-vincero” canta “eat salad, eat salad”.

Salgo a la calle camino del trabajo y escucho a las pocas cuadras, una melodía conocida y una voz que canta como desde lejos, como si saliera de una vieja radio a transistores: un hombre pequeñito, mayor, completamente calvo y con un micrófono pegado a la boca, canta a cappella “Nessun Dorma”. No sé si lo dijo alguien antes (¿tal vez Auster?), pero muchas veces el azar pareciera ser en realidad el guión de alguien que busca decirnos “miren que todo eso del libre albedrío es apenas una ficción de esta novela